Por una Arganda más feminista. Feliz 8 de marzo

Hoy, 8 de marzo, celebramos un año más el día de la mujer. Como cada año buscaremos una prenda morada que llevar durante el día, un lazo que prendernos de la solapa o una chapa que lucir en los actos institucionales, manifestaciones y encuentros. Es una tradición hermosa, reivindicar el papel de la mujer en la sociedad al menos una vez al año, hacer repaso de lo que hemos andado, intentando quedarnos con lo bueno sin olvidar lo malo.

Aún así se hace difícil, porque cada año se escuchan los mismos comentarios machistas “¿por qué las mujeres tienen un día y nosotros no?” “En España estamos mucho mejor que en (rellene con el nombre de cualquier país no occidental)” y otros grandes éxitos se repiten allá por donde vas, así que hemos pensado que este año, nos hace falta hacer un ejercicio de reflexión y te damos 6 razones para seguir celebrando el día de la mujer, también en Arganda.

  1. Nos están matando. A día de hoy, 20 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o ex-parejas. Veinte. En algo más de dos meses. Siempre que pensemos que “tampoco son tantas” deberíamos hacer el ejercicio de imaginarlo a la inversa: ¿qué pasaría si veinte hombres hubieran sido asesinados por sus mujeres o ex-mujeres en algo más de dos meses? ¿Qué hubiera sucedido si desde 2004 hubieran sido asesinados 797 hombres? Seguramente la alarma social habría sido mucho mayor, los gobiernos hubieran tomado las medidas necesarias para protegerlos y nadie pensarían “tampoco son tantos”. Nos queremos vivas.
  2. Porque no es sólo por nosotras. Según un informe del Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla y la Fundación Mujeres entre enero de 2013 a febrero de 2017, un total de 166 menores han perdido a su madre por violencia de género en España; y unos 500 desde la aprobación  unos 500 desde la aprobación en 2004 de la Ley Integral de Violencia de Género. La violencia destroza vidas, no sólo en los casos extremos en los que se producen asesinatos, sino también las de niñ@s que tienen que vivir durante años en un entorno rodeado de malos tratos, violencia, vejaciones, etc.
  3. Falta de compromiso político. Durante las campañas electorales todos los partidos políticos se llenan la boca hablando de pactos de Estado contra la violencia de género, hablan de proteger a las víctimas y de idear nuevos sistemas de vigilancia (esto últimamente sucede incluso aunque no haya campaña electoral). Pero a la hora de la verdad, a la hora de crear medidas reales y efectivas para la eliminación del machismo, los compromisos políticos dejan bastante que desear. Y no tenemos que irnos demasiado lejos, aquí en Arganda, el gobierno que se hace de llamar de progreso ha dejado pasar numerosas ocasiones para apostar por una Arganda más feminista: a principios de legislatura desde Ahora Arganda propusimos la creación de una Casa de la Mujer, un espacio co gestionado entre las asociaciones y colectivos feministas de Arganda, el Ayuntamiento y las instituciones regionales, que sirviera como punto de encuentro para las vecinas de nuestro municipio, para fortalecer las redes de asociacionismo, para crear espacios de cooperación y para impartir talleres; en definitiva, para empoderar a las mujeres de Arganda. La moción quedó “sobre la mesa”, perdiendo así la oportunidad de avanzar hacia la eliminación del machismo y la semana pasada, durante el Pleno, la concejala de Igualdad nos confirmó que el Consejo de la Mujer había desestimado la Casa de las Mujeres. La segunda gran oportunidad perdida la encontramos hace unos meses, cuando presentamos una moción para realizar una evaluación a conciencia y útil del Plan de Empleo municipal para nuestro municipio. En la actualidad, el paro femenino en Arganda del Rey es del 60%, y es un altísimo porcentaje que se distribuye entre todas las franjas de edad, y no sólo en jóvenes de 25 a 35 años o mayores de 55 como sucede con los hombres. Estos datos, que provienen de un estudio encargado a CCOO por el Ayuntamiento, no han sido por lo visto suficientes razones para poner en marchas medidas transversales que ayuden a reducir ese porcentaje. En todas estas medidas lo que falta no es dinero para invertir, lo que falta es un compromiso político real.
  4. Los minutos de silencio no salvan vidas. Es muy fácil salir a la puerta del Ayuntamiento con cada víctima de violencia machista y lamentarse en silencio mientras corren las manecillas del reloj. Pero esos minutos que pasamos allí no salvan vidas. Lo que salva vidas, lo que de verdad es útil, es apostar por un nuevo modelo de ciudad, donde impulsemos la economía colaborativa y el comercio de cercanía, donde no pasemos más tiempo en el trabajo que disfrutando de nuestras familias y nuestro entorno, porque mejorar la vida de nuestras vecinas y vecinos revierte directamente en igualdad.
  5. Queremos el pan, pero también queremos las rosas. No queremos sólo sobrevivir, no queremos sólo que no nos maten, queremos ser miembros de pleno derecho en nuestras comunidades. El machismo y el heteropatriarcado han creado un inmenso techo de cristal para las mujeres, impidiendo que accedan con las mismas facilidades que los hombres a puestos de responsabilidad, a puestos en las direcciones de las empresas privadas y a los cargos de mayor visibilidad en la vida política. No queremos resignarnos a esa realidad, no debemos hacerlo. Ideas como la Casa de la Mujer, donde se impartan talleres de formación, sobre derechos y donde las mujeres tengan espacios de encuentro ayudan a crear un entorno en el que se sientan protegidas pero también empoderadas.
  6. El futuro será feminista o no será. En los últimos años han aumentado peligrosamente los casos de violencia machista entre las mujeres más jóvenes. Nuestras hijas están sufriendo este tipo de violencia en carne propia, no necesariamente a través de los golpes, pero sí a través de las vejaciones, la idea de que el amor lleva aparejado una cuota inherente de sufrimiento o el control a través de las redes sociales como whatsapp. Estudios recientes realizados, entre otros, por la Junta de Andalucía, indican que las mujeres adolescentes víctimas de este tipo de violencia ha aumentado un 37,2 por ciento más que el año anterior.

En definitiva, aunque nos encontramos en unos años de gran visibilización de las luchas feministas, estamos muy lejos aún de alcanzar una igualdad real y efectiva. El camino que tenemos por delante no será fácil y no podremos hacerlo si no se revierten algunas de las situaciones que crean mayor desigualdad de género, como la falta de medidas para favorecer el empleo femenino. Además, tampoco podremos alcanzar una igualdad real mientras los hombres no tomen conciencia de sus privilegios, que les son otorgados por el simple hecho de ser hombres, y den un paso al lado para permitir que las mujeres puedan ocupar el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.

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